lunes, 7 de mayo de 2012

La mujer como otro en el cuento “Por el arte” de Emilia Pardo Bazán


El propósito del presente ensayo es analizar a la mujer en el cuento “Por el arte” de Emilia Pardo Bazán según lo que propone Simone de Beauvoir con respecto a la alteridad en su libro El segundo sexo. Esta autora expone la forma en la que la mujer ha sido planteada como el otro, y lo hace basándose en una larga tradición en la que el hombre ha sido considerado el primero, el original. Incluso menciona que ser hombre no es una singularidad, pues él está en su derecho de serlo, y que quien se equivoca es la mujer. Cita a Aristóteles, quien decía que la hembra lo era en virtud de una cierta carencia de cualidades, y que el carácter de la mujer era naturalmente defectuoso. También menciona que Santo Tomás decía que la mujer era un hombre fallido; un ser ocasional. Citando a Beauvoir:
La humanidad es masculina y el hombre define a la mujer, no en sí, sino en relación con él; la mujer no tiene consideración de ser autónomo. <<La mujer, el ser relativo>>, escribe Michelet. (…) La mujer se determina y se diferencia con respecto al hombre y no a la inversa; ella es lo inesencial frente a lo esencial. Él es el Sujeto, es el Absoluto: ella es la Alteridad. [1] (de Beauvoir, pág. 50)

            Es interesante analizar el papel de la mujer dentro de la obra de esta escritora puesto que desde joven tuvo convicciones feministas, las cuales más tarde afirma Carmen Bravo-Villasante que se muestran en sus escritos en la forma de un feminismo militante declarado. En este trabajo no se parte de la premisa de que sea mentira que su obra refleja sus convicciones feministas, pero tampoco de que efectivamente se encuentran presentes. El propósito es estudiar la obra desde la perspectiva de Beauvoir para descubrir si Pardo Bazán en realidad pudo desapegarse del paradigma machista de la época planteando en sus escritos a la mujer como Sujeto y no como Alteridad. Este trabajo es apenas un primer acercamiento, pues se analiza únicamente un cuento y no la obra en su totalidad, pero sirve como un buen inicio para el estudio de la mujer como el otro en la obra de Pardo Bazán.
            El primer rasgo que permite reconocer a la mujer como Alteridad en el cuento “Por el arte” es que el narrador es una figura masculina, el señor Estévez, por lo que es masculina también la voz a partir de la cual el lector conoce el universo de la narración. Así, como dice Beauvoir, él es el original, y todo lo demás, incluyendo a la figura femenina, se definirá en función de éste. También es lógico que a partir de esta voz masculina que guía el relato, se dé cierta connotación al hombre y una connotación distinta a la mujer, puesto que el narrador cuenta la historia desde la subjetividad que le corresponde a su personaje. Ésta, lógicamente, hace que sienta mayor “complicidad” hacia los hombres que hacia las mujeres. Un primer ejemplo es la diferencia entre los personajes masculinos y femeninos que aparecen en la narración. Cuando Estévez se encuentra, al principio del cuento, en el teatro Real, todos los hombres que están a su alrededor son “sabios”. Está Magrujo, quien es experto en las entradas y salidas de los cantantes y en si son como Dios manda. También está el ayudante de cátedra de medicina, Dóriga, quien tiene la capacidad de oír cada instrumento por separado. Otro asistente es don Saturnino Armero, un oráculo respetadísimo; y Gonzalo de la Cerda, sabihondo de la música. Aunque se puede leer cierta ironía en la descripción de estos personajes, lo cierto es que la posición que ocupan en la sociedad es más privilegiada que la de las mujeres, las cuales no son sabias ni siquiera en tono de burla. En cambio ellas son descritas como hermosas cursis, como mujeres presumidas de alto coturno que se aburren en la ópera, presumiblemente porque no la entienden, o como amables personas que ponen su abrigo en la silla de Estévez para apartar su lugar hasta que llegue; es decir, en este último caso, sólo cumplen una función práctica para el hombre, pero no tienen ninguna función en sí mismas: se definen en función de lo que le pueden ofrecer al hombre. Esto es en el caso de las mujeres que van al teatro Real, pero una vez que Estévez llega a Marineda, se describe a la mujer como la patrona agasajadora de la casa de huéspedes; nuevamente se puede ver cómo su función se define en función de su utilidad hacia el hombre: la mujer es agasajadora con (para) él, la Alteridad sirve al Sujeto.
Otro ejemplo de que la mujer es planteada como Alteridad es que el narrador siempre convive con hombres, está cerca de ellos, dialoga con ellos, pero nunca hay cercanía con una mujer; siempre hay  una distancia que los separa y marca evidentemente que no hay una simetría, lo que implica que se le da calidad de otro. Sus compañeros de palco, ya sea en el teatro Real como en Marineda, son hombres; comparte con ellos un espacio y un estatus; su relación está en línea horizontal. En cambio las mujeres siempre están lejos. Pueden ser Celinita y su hermana Natividad en el palco del teatro, con quienes nunca entabló conversación (¡y se jactaba de ello!), o la Duchesini en el escenario, con quien tampoco quiso tener una relación cercana. Lo cierto es que nunca se entabló una relación con una mujer (está de sobra analizar si fue una relación asimétrica o simétrica, puesto que nunca se llegó a establecer esa complicidad inherente a una relación ya que la mujer siempre fue tratada como otro y a la distancia).
Las relaciones de pareja que se describen en Marineda también muestran cómo todo se define a partir del hombre. Existe el matrimonio gracias a que el hombre se siente inclinado a casarse por el anhelo a los goces del hogar, obviamente provistos por la mujer. El tedio y la insufrible pesadez de la vida angosta hacen que el hombre quiera formar una familia, y las familias de las mujeres intentan convencer a los solteros y “buenos partidos”, a través de favores y regalos, de que se casen con sus hijas. Se intenta convencer al hombre, ya que es él quien tiene la última palabra, y la mujer puede convertirse en esposa sólo si el hombre decide primero ser un esposo; se ve claramente que a partir de la decisión del hombre se define la calidad de la mujer.
Si se estudia el personaje de Celinita también se puede reconocer cómo en ella se plantea la Alteridad. A Estévez le atrajo primero su hermana Natividad, pero viendo que era Celina quien respondía a sus miradas comenzó a fijarse en ella. Hablando de la similitud entre las hermanas y del aire de picardía que tenía Natividad y que la diferenciaba de Celinita, dice:
Por lo cual llegué a preferirla; mas ellas, no sabiendo de fijo a cuál se dirigía el homenaje de mi <<oseo>>, determinaron que era a la inocentilla, y, en efecto, ésta fue la que, con disimulo y por el rabo del ojo, empezó a corresponder a mis amorosas finezas. A los pocos días me avine y acostumbré de tal modo al cambio, que hasta llegué a dudar si en efecto sería a Celinita y no a Natividad a quien desde el primer momento había dedicado mis tiernas ansias. (Pardo Bazán, pág. 1247)

Así, se puede interpretar que a Natividad y a Celina no se les reconoce su calidad de individuos, sino que son sólo dos más dentro de la categoría de mujer, de otro, y que por lo tanto son fácilmente intercambiables. Esto se repite cuando llega la Duchesini y Estévez olvida a Celina, quien busca cada cinco minutos su mirada y busca la razón de su súbita indiferencia, intentando definirse a través de él. Nuevamente se trata de un remplazo de mujeres, las cuales no cuentan como individuos, sino simplemente como otro otro.
            También a partir de lo que propone de Beauvoir se puede explicar por qué Estévez se imagina a Celinita cinco años después, ya vieja, soñolienta, cansada, descuidada y malhumorada. De Beauvoir dice:
Ningún colectivo se define nunca como Uno sin enunciar inmediatamente al Otro frente a sí. Basta que tres viajeros se reúnan por azar en un mismo compartimiento para que el resto de los viajeros se conviertan en <<otros>> vagamente hostiles. Para el aldeano, todas las personas que no pertenecen a su aldea son <<otros>> sospechosos; para el nativo de un país, los habitantes de países que no son el suyo aparecen como <<extranjeros>>… (Pág. 51)

Estévez, al no sentir un lazo de unión simétrica (o de unión en absoluto) con Celina, desconfía de ella y no se puede imaginar que vaya a cumplir sus expectativas para siempre; ella representa al otro, y por lo tanto no es un ser confiable.
            Más adelante en la narración, el encargado de la cobranza en el teatro de Marineda le dice a Estévez:
(…) más les temo yo a los ignorantes, que nunca olfatearon una buena ópera, que a las personas ilustradas y comprometidas como usted. Aquí (bajando la voz) no hay criterio propio; no señor. En fin, le voy a decir a usted, en reserva, una cosa: ya tres o cuatro personas me han pedido que les guarde butaca cerca de la que usted tome para oír su parecer y enterarse. Con que imagínese usted… Nada de lo que usted diga se les pasará por alto. Su fallo se espera con impaciencia. (Pág. 1249)

De esta forma, a través del narrador (masculino) se plantea al hombre como Sujeto a partir del cual se define lo demás. No obstante, esta definición de la Alteridad con respecto al hombre no se limita a las mujeres, sino que se vuelve un otro generalizado. De esto se desprende que se defina a la Duchesini, evidentemente, como otro, puesto que su fama y su calidad de <<diva>>[2]  nace de Estévez, quien dice al respecto:
Yo creo que de nuestra peña fue de donde salió el vuelo de la fama de la Duchesini, extendida por las cuatro provincias, por España y no sé si por la América española. ¡Cómo supimos improvisarle la gloria! ¡Cómo alborotamos, cómo batimos las claras para que alzase el merengue! Aquella mujer con su voz …, ¿con su voz? …, salvó a la compañía. (Pág. 1253)

Inclusive cuando Estévez se pregunta “¿con su voz?” está admitiendo que el mérito que se le reconoce a la Duchesini no es propio de sus capacidades artísticas, sino que es el fruto de otra voz, de la voz del Sujeto (él mismo), que supo darle calidad de artista. Más adelante continúa comentando en la misma dirección:
En lo que no me contuve ni me reprimí, ni había para qué, fue en la manifestación externa de mi entusiasmo fingidamente artístico. (…) Yo fui el faraute, yo el coribante de la conspiración duchesinista, que ha dejado en los faustos musicales de Marineda eterna memoria. A mí puede decirse que se debe la serie de ovaciones que espero nunca podrá olvidar la seductora <<diva>>. (Págs. 1254 – 1255)

También admite el narrador mismo que no reconoce a la Duchesini como individuo en su totalidad, sino como la parte más ínfima de éste: sus pies: “¡Era posible que, en vez de estudiar a la Duchesini desde el punto de vista desinteresado y noble de su voz, de sus facultades, de su estilo, de sus méritos de artista, en fin, sólo viese en ella y sólo la juzgase por la parte más ínfima de su individuo!” (Págs. 1253 – 1254) Incluso dice con respecto al fotograbado que se hace de ella, de la cintura para arriba, que es increíble que el artista no hubiera tenido en cuenta que aquellos pies sublimes eran los verdaderamente dignos de ser fotograbados. De ahí que se pueda interpretar no sólo que no se le reconoce, nuevamente, su calidad de individuo o sus méritos (reales o no), sino que lo único que importa de ella son sus pies sólo por ser el objeto de su admiración.
Igualmente es interesante que Estévez dice que no estudiaba a la Duchesini desde un punto de vista desinteresado, como si hacerlo de esta manera fuera lo mejor. Se avergüenza de no ver en ella más que un par de pies bonitos, en vez de estudiarla “como merece”. No obstante, esta opinión demuestra una vez más que él espera definirla a partir de sí mismo. Él cree tener el derecho de estudiarla, como si fuera un objeto, para finalmente dar una opinión, decretar qué calidad tiene; Estévez es el Sujeto original y la Duchesini será lo que él dictamine.
Siguiendo en el tema de la Duchesini, el narrador dice con respecto a sus dos compañeros de palco en el teatro de Marineda: “Y los veía filtrarse por el lóbrego pasillo, y quedaba envidiándolos…, no sólo por aproximarse a <<ella>>, sino porque tenían la fortuna de no ver en <<ella>> más que a la cantante, a la artista.” (Pág. 1254) Al hablar de <<ella>> entre comillas, Estévez deja claro que no es ella lo que realmente interesa, no es ella como individuo, como ser ajeno a él lo que vale, sino su propia creación de ella; su existencia como alguien valioso está supeditada a él y al valor que él le reconoce. Se puede decir que ella nunca se definió por sí misma, puesto que en Marineda se definió por la opinión del público guiada por Estévez y en Madrid se definió por la actitud del público que casi le arrojó las butacas: la Duchesini siempre estuvo supeditada al otro, al Sujeto, para definirse ella en función de éste como Alteridad.
Después de haber estudiado el papel que fungen los personajes femeninos dentro del cuento “Por el arte” se pueden concluir algunas cosas. En primer lugar, que aunque en general se puede leer cierta burla hacia los hombres, todo se hace desde una voz masculina. Esto quiere decir que aunque hay un feminismo relativamente evidente, en este cuento no se plantea a la mujer como Sujeto, sino que se plantea todo desde la voz del Sujeto, es decir, un ente masculino: el narrador. Este es un rasgo de mucho peso, sobre todo si se analiza el cuento según los planteamientos antes mencionados de Simone de Beauvoir, puesto que la voz del narrador, a partir de la cual se crea todo el universo de la narración, es masculina. Sin embargo, es necesario estudiar la obra de Pardo Bazán en su totalidad, o por lo menos de una forma más abarcadora, para saber si se trata de un rasgo eventual o de algo más generalizado.
Por otro lado, se pudo reconocer que la teoría elegida para realizar el análisis no fue la más adecuada, ya que que hay elementos valiosos con respecto a la evidencia del feminismo en la obra, como la burla a los hombres antes mencionada, que no se pueden analizar desde esta perspectiva. No obstante, este marco teórico sí aporta información valiosa e interesante, ya que saca a la luz un elemento poco evidente: el planteamiento de la mujer como otro. Sin embargo, lo más adecuado para alcanzar un análisis abarcador y más acertado sería comparar estos resultados con otros obtenidos de otro estudio hecho a partir de un marco teórico que permita analizar a los personajes masculinos. También sería recomendable encontrar una teoría acerca de la simetría en las relaciones, para estudiarla con respecto a los personajes masculinos y femeninos en esta obra y en esta escritora. Así, contando con estudios acerca de los personajes femeninos y masculinos y sus relaciones en la obra de esta escritora, se alcanzaría un entendimiento más profundo de la evidencia, ya sea abundante o limitada, de las convicciones feministas presentes en ella.



Bibliografía

·      Bravo-Villasante, Carmen. Vida y obra de Emilia Pardo Bazán. Madrid, Revista de Occidente, 1962.
·      de Beauvoir, Simone. El segundo sexo. 5a . I. Madrid: Cátedra, 2000.
·      Pardo Bazán, Emilia. Obras completas. I. Madrid: Aguilar, 1947.


[1] La autora menciona que esta última idea sobre la alteridad la expresó de forma más explícita E. Lévinas en su ensayo sobre El tiempo y el otro.
[2] Es el mismo narrador quien le da esta calidad de <<diva>> entre comillas.