sábado, 31 de marzo de 2012

CARACTERÍSTICAS ROMÁNTICAS Y REALISTAS EN LA PARCELA


El propósito del presente ensayo es hacer un análisis de La Parcela de José López Portillo y Rojas para demostrar que esta obra no contiene únicamente características realistas, sino que presenta también algunos rasgos de la corriente que precede a este movimiento: el romanticismo.
            Es cierto que tanto la fecha de publicación de la obra (1898 en la primera edición) como la mayoría de los rasgos de la narración son realistas; existen detalladas descripciones de las personas y los lugares, la razón tiene un lugar preponderante en la toma de decisiones de los personajes, se expone el habla coloquial, se narran hechos cotidianos, aparecen personajes de todas las clases sociales, y el narrador es objetivo y omnisciente. Pero también hay ciertos rasgos del romanticismo en la obra, como el enaltecimiento de la mujer, el estereotipo de la mujer como santa, que predominaba en la corriente romántica o el preponderante papel del amor en la vida de los personajes.
            Primero se expondrán las características típicas de la creación literaria realista. Existe una muy detallada descripción de los espacios y los personajes, como se puede ver al inicio de la novela cuando se describe el valle donde se encontraba don Pedro:
El valle cubierto de cañaverales parecía caos de cosas informes, y las elevadas montañas que le cercaban, gigantes misteriosos salidos del abismo para explorar el espacio. Allá en el término postrero del cuadro, mirábase aparecer una luz tenue, que tanto podía ser anuncio del nuevo día como el fulgor de una estrella. (pág. 12)
También está la razón como la última responsable de las decisiones de los personajes, y ya no se trata de impulsos y sentimientos, como en el romanticismo. Esto queda claro cuando Gonzalo está pensando si es verdad que está enamorado de su prima, y en vez de resolverlo a través de los sentimientos, hace un examen de conciencia:
El examen de su conciencia no fue dilatado. A poco de hacer una batida por las selvas de su pensamiento, y una exploración por los escondrijos de su alma, vio aparecer clara y distinta, entre el mundo de sus ideas y el abismo de sus sentimientos, la imagen dulcísima del amor. (pág. 57)
            Otro elemento realista que está muy presente en la obra es el habla coloquial, la cual se reproduce muy fielmente cuando el montero le refiere a Don Pedro los hechos que lo hicieron abandonar su puesto:
Entonces tomé mi jorongo, que estaba sobre una piedra, recogí el sombrero que me había tumbado con los cintarazos, y me jui viniendo poco a poco. Anduve unos pasos, y aluego que observé que no me podían ver, me trepé a un árbol a devisar qué era lo que hacían pa dale parte a su mercé, pa que estuviera al tanto de todo; y ví que el amo don Miguel se iba a la cuesta abajo en dirección al Chopo, dejando cuatro mozos en el Monte. Los sirvientes echaron pie a tierra y amarraron los caballos de las ramas de los árboles, y se sentaron muy a gusto, con ademán de quedarse cuidando el Monte. Aluego me bajé y me vine corriendo pa contárselo todo a su güena persona. (págs. 40 – 41)
            También se puede ver que se narran hechos cotidianos y no extraordinarios, como es el caso del malentendido que provoca el licenciado Jaramillo entre don Pedro y don Miguel por del Monte de los Pericos. Otro ejemplo es la descripción de las actividades de la rutina cotidiana: “Levantóse aquél día don Pedro Ruiz al rayar el alba, como de costumbre. El cuidado de los negocios obligábale a ser diligente, y por hábito, por temperamento, necesitaba madrugar.” (Pág. 11)
            Una característica más de la corriente realista es que se narren hechos que involucran personajes de diversas clases sociales. Esto se puede reconocer, por ejemplo, cuando se menciona que se sientan a la mesa don Pedro, su hijo Gonzalo, el tenedor de libros, el maquinista, y demás personajes que tienen un rango menor al de don Pedro. Además, varios de estos personajes tienen una participación activa en el relato y no se mantienen al margen, como es el caso ya mencionado del montero.
            Como último rasgo realista está el narrador objetivo y omnisciente. Éste narra la historia en tercera persona, de manera que no se involucra en los hechos ni con los personajes. Es omnisciente porque además de narrar todas las acciones, conoce también los pensamientos y los sentimientos de los personajes, por ejemplo que don Pedro “tenía por martirio quedarse en la cama hasta después de salido el sol” (pág. 11); la secreta e inexplicable repulsión que sentía Gonzalo hacia Luis desde que se dio cuenta que le interesaba su prima Ramona; el instinto que tenía don Miguel de su pesadez intelectual que lo había llevado a volverse desconfiado.
            Una vez analizadas las características realistas de la novela se expondrán los rasgos románticos presentes en la misma. Por un lado está el enaltecimiento de la mujer, el cual se puede reconocer en la forma en la que Gonzalo ve a su prima Ramona.
Ramoncita, a pesar de sus pocos años, nunca los ensuciaba [los trajecitos blancos]; era admirable cómo andaba siempre limpia. Parecía que no estaba en contacto con los cuerpos, según se conservaba de nítida. Era la admiración de todos. ¿En qué consistía que Ramoncita no se manchaba nunca? Los demás niños de su edad, apenas vestidos de limpio, quedaban hechos una lástima, llenos de lodo y tierra, y cubiertos de lamparrones de pies a cabeza; sólo ella salía de la gresca infantil, radiante de blancura. Aquel fenómeno exterior estaba en perfecta armonía con su modo de ser interno, dulce y casto. No recordaba Gonzalo haberla visto una sola vez alterada ni violenta, ni había observado en sus ojos o en sus palabras, algo que no fuese el más puro candor y la más angelical inocencia. La dulzura y bondad de su alma irradiaban en torno con tan vivos fulgores, que todo lo vencían y sojuzgaban. Donde quiera que se presentaba, tenía su lugar aparte. (págs. 46 – 47)
            En la literatura romántica no enaltecía a la mujer solamente su enamorado, sino que existía cierto estereotipo acerca de la santidad de toda mujer. Esta idea sigue presente en La Parcela cuando el narrador refiere la forma en la que la sola presencia de Ramona era suficiente para avergonzar a quienes tenían hábitos despreciables:
Las risas descompasadas, las palabras mal sonantes, las murmuraciones, todo lo irregular y excesivo parecía como que se avergonzaba de presentarse delante de ella; a su llegada a cualquier reunión donde hubiese conversaciones poco convenientes, abandonábanse por instinto los asuntos escabrosos y tomaba la plática giros más moderados. ¿Por qué? Nadie se lo explicaba, pues Ramona, lejos de ser imperiosa, hipócrita y taciturna, era de una suavidad extremada, sencilla y natural en el trato, alegre y comunicativa en palabras. Sólo que todo lo hacía con tal asiento y reposo, con tanta modestia y blandura, que daba pena, sin comprenderlo, ser rudo y malévolo delante de ella; era feo y antiestético ofrecer el contraste de lo peor, en presencia de aquella naturaleza tan santa. (pág. 47)
            Un último elemento romántico presente en la novela es el preponderante papel que tiene el amor en la vida de los personajes. Hablando de éste:
Astro radiante que todo lo ilumina con su luz, y todo lo anima con su llama; del amor, rey del universo, estrella del polo, nervio y fuerza de la vida; del amor, que, cuando se eleva por vez primera en el cielo del espíritu, todo lo transforma y encanta, como si atizase el foco del sol y multiplicase el número de los astros; como si avivase el color de las flores y prestase nuevos celajes a la aurora; como si diese a los pájaros trovas más dulces y pusiese en el susurro del céfiro y en el murmullo de las fuentes música más blanda y arrobadora. (pág. 57)
A manera de conclusión, tras haber reconocido los rasgos realistas y románticos en la obra, se puede decir que si bien las características realistas predominan en frecuencia sobre las románticas, que existan ciertos rasgos de esta corriente prueba que no hubo una ruptura completa entre estas tendencias, sino que simplemente hubo un cambio en la narración que le dio prioridad a ciertos rasgos, mas no se contradijo completamente al estilo narrativo anterior.




López Portillo y Rojas, José. La Parcela. 1a. 11. México: Porrúa, 1996. Print.

2 comentarios:

  1. Lo mismo que en el ensayo anterior, salvo que ahora creo que excedes en las citas. Además, agregas lo del Romanticismo sin una base teórica, ¿quién dice qué el Romanticismo es así o asá? Pero bueno. La gran ausencia, eso sí, es la conclusión que amarre tu hipótesis: de qué sirve calificar los textos de manera casi botánica: realista o romántico, vertebrado e invertebrado. Ahí, en esa cuestión, se juega la relevancia de tu ensayo.

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  2. La persona de arriba tiene razón en algo: las corrientes literarias no son tan fijas como se piensan, hay una delgadísima línea entre ellas. Parecido a lo que pasa en La chiquilla de Carlos González Peña. Por otro lado, cabe destacar que si rescataste ambas corrientes del discurso. Saludos PD. Casi todas las obras del siglo XIX en México, es una mezcla de romanticismo, neoclásico, realismo y naturalismo.

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